
El sueño de agarrarse al fútbol profesional se le escapa al Cartagena. El milagro de la permanencia pasaba por marcarle un gol anoche al Celta. Por ahí tenía que empezar. Luego, hacían falta carambolas y victorias, casi a partes iguales. Pero era factible. Más o menos. Con sus detalles. No obstante, una vez más en esta temporada horrorosa, la suerte le dio la espalda al mejorado conjunto de Carlos Ríos. Collantes arrancó con mucha fuerza y superó a Túñez, le dio un gran pase a Braulio, quien había despistado a Catalá, pero el disparo de Braulio -el que tenía que entrar para darle tres puntos al Cartagena que eran pura vida- estalló contra el poste izquierdo del ya batido Sergio.
Era el minuto 76. El partido se había reanudado 17 minutos antes. Era la ocasión de oro, la que los locales habían soñado en las últimas horas. La pelota no entró y el palco se estremeció. Las manos a la cabeza de jugadores y directivos locales. El susto en el cuerpo de los vigueses. Los de casa se lamentaban. Saben que esto suele pasar cuando los deberes no se han hecho durante el año y se quiere solucionar todo en el último mes de competición.
Los 1.500 aficionados que veían el partido en una pantalla gigante en la explanada del Cartagonova gritaron con retraso. Pero se lamentaron por ese balón al palo. Sabían que esa era la ocasión. No obstante, siguieron animando a sus futbolistas desde fuera del estadio en una exhibición de amor por unos colores que nadie debe pasar por alto. El primero, el presidente Paco Gómez, quien anoche tampoco estuvo en el palco.
El empresario alicantino tiró la toalla hace tiempo. La gente del Efesé, no. ¡Sí se puede!, le gritaban al final a los jugadores, cuando éstos -comandados por el capitán Mariano Sánchez- salieron a la calle a darle las gracias a los que estaban allí por su apoyo. La verdad es que hubo incluso más ambiente que en partidos normales, ya que desde dentro del recinto se escuchaban perfectamente los incansables cánticos de la Efesemanía.
Pese al empuje de la hinchada albinegra, la realidad de los números constata una dura evidencia: el Cartagena necesita ganar los seis partidos que tiene por delante para mantenerse en Segunda. Si no lo consigue, la única opción que le queda es que el Villarreal baje a Segunda y que el cuarto por la cola se salve. Ese puesto lo tiene ahora el Girona, que suma cinco puntos más que los cartageneros.
Font, intenso
Los técnicos habían avisado en la víspera de estos 31 minutos que la clave estaba en entrar al campo con intensidad. Hubo futbolistas que no entendieron el mensaje. En los de casa, por ejemplo, ni Toni Moral ni Lafuente dieron pie con bola, superados por una situación extraña. Estuvieron fríos y no les ayudó nada el tipo de juego impuesto por Ríos. Pelotazo en busca de Braulio. Esa era la consigna.
Afortunadamente, Héctor Font entró a todo trapo y le dio al Cartagena presencia en el centro del campo. Robó balones en zonas delicadas y se impuso a un trivote visitante desaparecido. Solo Insa quiso entrar en acción. Chus Herrero fue el lateral zurdo, con la intención de tapar a De Lucas. Sin embargo, el ex del Efesé actuó de delantero centro y ahí batalló con Josemi y Goni. De Lucas reclamó un penalti que no fue tal y estuvo a punto de enganchar un par de pases en largo de Oubiña. Al final, ganaron la batalla los defensas del Efesé. Manolo Gaspar, sin extremo al que cubrir, estuvo muy cómodo.
La idea de los de Ríos era ganar al contragolpe. Y casi lo logra en la jugada de Collantes y Braulio. O a través de la estrategia. Por eso, todos los saques de banda, en ambos laterales, fueron efectuados por Manolo Gaspar, al estilo inglés. Pero la zaga del Celta estuvo muy atenta y al Efesé le faltó la cabeza de Paz, sancionado en la grada. Además, el Cartagena cometió el error de no aprovechar los rechaces. Algunos balones se quedaron sueltos en el borde del área visitante y los locales estuvieron demasiado lentos.
Hablando de rechaces, por ahí pudo venir el tanto del Celta, que habría sido muy injusto. Los de Herrera especularon mucho más que los locales y dieron el punto por bueno, haciendo incluso un cambio en el minuto 89. Chus Herrero despejó mal un balón suin aparante peligro y le pelota le cayó a Insa, al borde del área. El medio vigués le cedió el balón al lateral Bellvís, quien tuvo tiempo de sobra para sacarse de la chistera un zurdazo que obligó a Reina a hacer una soberbia parada. Era el minuto 84.
Pino, protagonista
Antes, Pino Zamorano y su asistente ya se habían convertido en protagonistas. Tres veces levantó el auxiliar de la banda del lateral rambla el banderín. Fue en tres ocasiones en las que los delanteros visitantes se quedaban solos delante de Sergio. Aunque las tres jugadas parecieron muy dudosas, en las tres ocasiones el asistente levantó el banderín muy rápido. Especialmente justa pareció la salida de Collantes, tras un pase de Lafuente.
El esperpento llegó en el tiempo añadido, cuando Pino Zamorano expulsó al preparador físico local, Antonio Gómez, por desplazar un balón con la idea de perder tiempo. Y, sobre todo, cuando pitó el final, ya que el madrileño se negó a darle la mano al entrenador del Cartagena, Carlos Ríos, y su asistente Escuderos Sánchez hizo lo mismo con Mariano Sánchez.
En la sala de prensa, el técnico gaditano del Cartagena no quiso comentar mucho sobre el asunto. «Solo sé que es la primera vez que me pasa en toda mi carrera y que venía de antes, ya que no quiso saludarme antes del partido. Tampoco después», dijo Ríos.
Más allá de la polémica actuación de Pino Zamorano, ayer y hace un mes, el sabor que deja lo ocurrido anoche es claramente agridulce. Por un lado, el Efesé emite síntomas de recuperación y planta cara a los mejores equipos de la categoría. Lo de anoche fue un nuevo ejemplo. Pero, por otra parte, la salvación está a nueve puntos y solo quedan seis semanas.
Da la sensación de que la reacción ha llegado muy tarde y que el descenso a Segunda B es irremediable. La pena será muy grande, si al final se consuma esta tragedia deportiva. La afición albinegra no se merece un equipo en el pozo. Lo viene demostrando desde hace mucho tiempo. De momento, todo pasa por ganar el viernes en el campo de una UD Las Palmas que no se juega nada en el envite y esperar un descenso a Segunda del Villarreal. El domingo pot la noche sabremos si eso sucede. Casi todo está en otras manos.



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